Hablemos de sexo sin x

Mayra Montiel – Profesora de Letras Latinoamericanas
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Porque a todo le seguimos poniendo pero. Porque todavía nos escondemos ante las preguntas eminentes de nuestros hijos, sobrinas, hermanas menores y tragamos rápido olvidándonos del tema. Porque mi sobrina a los nueve años ante mi madre me preguntó una vez: Tía Mayra ¿qué es un orgasmo? Y su madre se la llevó para no ser ella respondida. Porque a las zonas erógenas, ¡qué desgracia!, le seguimos poniendo nombres que lo único que hacen es aumentar ese tabú frente al sexo escondiéndolo como si fuera algo malo. Hablemos de sexo sin x porque los tiempos ahora son malvados y ellos buscarán las respuestas cómo sea y en dónde sea y ese dónde sea les mostrará para mala suerte el sexo como algo sucio, tentador y a “escondidas”. Porque mi hija crecerá y amará y su carne tocará un día la puerta de la entrega tal como yo (sin permiso de nadie porque quise, porque humana soy y me gusta). Porque sé que mi hijo deseará con todas sus fuerzas y tuve hijos, no vírgenes. Necesito decirles qué es pene, qué es vagina. Decir clítoris, vulva, testículos y orgasmos sin que me sonroje y ellos vean algo misterioso y fatal frente a la suavidad de la carne.  Porque en el momento que hable con ellos sin ninguna x, sin ningún estereotipo, estaré estrechando la confianza que me hace ser también su amiga. Les estaré acompañando en algo que natural es y que contra natura no puedo detener. Porque Afrodita tarda mas no olvida y mi hija se verá al espejo ya no para hacerse una cola sino medir  ante todos los ejes posibles el derroche de su belleza para que “alguien” la vea, él seducirá y en determinado momento entrará a una farmacia a comprar un preservativo porque sí, porque verterá en sus manos el premio de otro cuerpo junto al suyo  y yo no lo puedo ni lo quiero evitar. Porque mi hija menstruará y para ese día quiero  bailar con ella así, sin nada que esconderle pero ella sabiendo qué conlleva la palabra sexo. Que es una responsabilidad de su vida y en la vida, que ella toma decisiones y que debe por tanto estar segura. Que puede amar responsablemente. Y en la medida que lo haga aprenderá a ser fiel con ella misma primero y después con su pareja. La fidelidad es saludable. Porque cuando hablamos de sexo con x hay muchas cosas que no quedan claras, inclusive, el hiriente de ver a una hija a los catorce años embarazada porque nunca se le habló, nunca se le dijo nada y ella buscó sus preguntas con otra más grandes: ¿maternidad en mi adolescencia, y mi estudio, mi preparación?

Estamos claros. No podemos tapar el sol con un dedo y pretender castos y mártires. Eso es teorizante y  nos ciega. Más todavía, cuando veo a mi hija de veintidós años con novio (ya sabemos) y no me atrevo a hablar, a derribar esa  x que me cierra la boca por vergüenza, porque también me da pena y no sé cómo hablarle de ese paraíso tremendo del que a mí tampoco nunca me hablaron. Porque mi hijo, sobrino, nieto, necesita hablar de ello también, con su padre, con su madre, hermano mayor, con alguien, sin ninguna  x  que le ponga el sexo como un frenesí del que no se puede hablar porque la sombra de unos mandamientos que nadie cumple al final, entorpecen su educación sexual. Necesitamos hablar de sexo sin x porque ya estamos cansados de ese bozal que nos hace hipócritas y a nuestros hijos morbosos, seguidores de pornografía sin medida y un sexo sin arte ni parte. Porque la hija de una amiga a los trece años tuvo VIH y la madre se lamentaba no haber hablado con ella antes. Porque no pretendo tampoco que mis hijos inicien una responsabilidad yo poniéndoles una edad normativa para ello, pero cuando les suceda, yo como madre no juzgo, no señalo pero hablo con palabra abierta. No pregunto un ¿por qué lo hiciste? Sino un ¿cómo te sentís? Porque mi madre nunca me dijo nada de nada y perdió su virginidad a los quince años, escondiéndose de mi abuela mientras se amaba con mi padre hasta la saciedad y se empezó a cuidar porque una “vecinita” le extendía las tan amables pastillas.

Hace falta que hablemos de sexo sin  x inclusive con nosotros mismos, y que no haya x sino que exista una comunicación limpia, dudas sanas y claras, hijos cercanos. Que no haya sexo sin x sino entrega, responsabilidad, no secretos, un amar decidido en el tiempo que nos sintamos listos para ello. Porque un embarazo en la adolescencia es jodido, porque nunca supe que mi hija sostenía relaciones sexuales a hurtadas pues no le di la confianza para quebrar esas amargas paredes que hay en nuestro imaginario, como si fuera algo malo. Malo lo que no se dice. Lo que tiene x. Hablemos sin x. Sexo no es una mala palabra. Sexo no debe sonrojar. Sexo es. Sexo no es nada escondido. Es un regalo de Venus para el cual debo estar sin ningún prejuicio. No hijo mío, no es “palito”, no mi hija, no es “gatito”. Eso que sentís es amor.   Y si mil veces se hace, mil veces se ama. Así de simple.

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