¿Qué harás? ¿Qué estudiarás? ¿En qué trabajarás? Estas y otras preguntas son las que la familia o los amigos realizan a los jóvenes varias veces cuando se va acercando la hora de decidir que estudiar.
En la mayoría de los casos, la familia opina demasiado sobre la decisión del adolescente. Las carreras que podría estudiar, si ganará dinero con esa carrera, son algunas de las conversaciones que se dan en los hogares de los futuros universitarios.
Normalmente los padres desean que el joven, si bien ojalá estudie algo que le guste, también estudie algo que le brinde el suficiente dinero para poder vivir una vida tranquila y cómoda.
Leyes, ingeniería, medicina, entre otras, son normalmente las carreras que los padres desean que sus hijos estudien por ser popularmente conocidas como carreras con un buen campo laboral y por ende, con un buen sueldo a futuro.
Pero ¿Y la vocación? Ese es el punto que se desea destacar
Muchos jóvenes ingresan a carreras universitarias porque no les dio el puntaje, o porque sus padres los presionaron a estudiar algo y ellos querían otra cosa. Sí, hay jóvenes que SI estudian lo que querían estudiar, pero este porcentaje de estudiantes frustrados no es el mínimo.
Como mencionábamos anteriormente, el tema del dinero y del futuro laboral es el que más influye en el momento de elegir carrera, pero tal vez están equivocados.
Ser artista no significa ser cesante. Este es un campo laboral con más dificultades, si se es bueno, se puede lograr un buen ingreso para poder vivir. El camino es sumamente difícil eso sí.
Así como podemos ver a artistas que les ha ido bien y que se han consolidado en el escenario, también podemos ver a aquellos que no les fue tan bien y que se encuentran trabajando en cualquier otra cosa o simplemente vendiendo su arte a las propinas.
Pero eso, puede ocurrir con cualquier carrera. Podemos ver abogados, ingenieros, periodistas, entre otros, atendiendo un restaurante de comidas rápidas con un sombrerito amarillo en la cabeza. A cualquiera le puede pasar. El problema del campo laboral artístico, es que es muy inestable.
Algo está claro, gente que quiera estudiar alguna carrera artística, siempre hay. Es por eso que aún es factible el funcionamiento de academias artísticas y de facultades universitarias de arte.
Hay jóvenes que aunque todo el mundo les diga que es difícil y que es un camino duro de seguir, igual estudian el arte que ellos aman.
En esta oportunidad, hablamos con Daniel Fersen, un joven que se encuentra cursando segundo año de teatro en la Universidad de Costa Rica.
¿Qué lo motivó a estudiar teatro?
- Era mi sueño desde pequeño, siempre me gustó imitar gente, participar en obras del colegio, disfrazarme. Era algo que me encantaba y siempre me gustó. No podría imaginarme haciendo algo distinto.
¿Fue muy difícil tomar la decisión de estudiar teatro? Todo el mundo siempre comenta lo difícil que es ser artista…
- Si, fue difícil. No sabía como se lo iba a decir a mis padres, ellos querían que yo estudiara alguna ingeniería o algo así. Sorprendentemente no me iba mal en matemáticas, por lo tanto estudiar ingeniería también era una opción, pero no mi deseo.
¿Cómo reaccionaron sus padres cuando les dijo su decisión?
- A mi papá se le derritió la cara. Tenía una expresión extraña y se enojó. No me habló en un par de días, pero la decisión ya estaba tomada. Mi madre conversó conmigo para ver si era lo que realmente quería. Al darse cuenta que yo no iba a ceder, decidió ayudarme a convencer a mi viejo.
¿Se arrepiente de lo que está haciendo?
-Para nada. Este es mi sueño. He conocido mucha gente que piensa igual que yo y que comparte mis sueños. Además la carrera es muy entretenida y se aprenden muchas cosas geniales. Realmente estoy feliz y no cambiaría esto por nada del mundo.
¿Qué le recomendaría a los jóvenes que están por decidir su carrera?
-Que sigan sus sueños y hagan lo que quieran hacer. Es mejor que se esfuercen por estudiar algo que ellos quieran hacer en el futuro, antes de que boten plata. Mucha gente termina estudiando otras cosas por consejos de los padres o por temor al futuro campo laboral. Finalmente o dejan las carreras a medias y pierden dinero, o simplemente son profesionales mediocres, pues la vocación es muy importante.
Sin duda alguna, Daniel tiene razón. Más de alguien, alguna vez tuvo un profesor de biología que le confesó haber querido estudiar medicina, u otro caso similar. Falta de recursos, miedo e indecisión son algunos de los factores que siempre aparecen a la hora de decidir carrera. Es aquí donde los jóvenes comienzan a analizar sus posibilidades y dejan un poco de lado sus deseos.
Daniel nos mencionó también que él ya está ejerciendo su profesión de actor, de una u otra manera. Junto con un amigo, tiene un servicio para cumpleaños infantiles llamado “Sonrisas”.
Ellos se disfrazan de diferentes personajes, y asisten a animar cumpleaños a jardines infantiles, casas y centros de eventos. Dependiendo de la magnitud del evento, ese será el tiempo que dure la actuación, Daniel nos comenta que pueden ganar incluso 100.000 mil colones cada uno de una sola vez, lo cuál no es malo para un bolsillo universitario.
Bueno, tal y como recomienda Daniel, “Hay que seguir los sueños” y a la hora de decidir la carrera y la universidad, recuerden jóvenes que sus padres
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