Motivación para el estudio

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Dr. Rafael Ramos A.

Centro para el Desarrollo Humano Integral (CEDHI)

 El tema de motivar a los hijos no es sencillo para el estudio, pues para ellos implica tiempo, tiempo que desean para hacer otras cosas, entiéndase jugar, ver televisión, enviar mensajes de texto, oír música, chatear, en fin, la gama de distractores es tan amplia que es difícil poder mantener una estrategia que se sostenga en el tiempo, pues la batalla contra estos distractores, sin contar con actitudes negativas hacia el repaso como aburrimiento, desinterés, atención dispersa, falta de una rutina, etc., son un conjunto de variables que afectan las actitudes de autonomía para el estudio. Esto quiere decir que todo está perdido, pues no, pero los padres deben ser creativos, consistentes y coherentes en lo que a este tema se refiere para no crear patrones de resistencia que hacen de la relación con los hijos una constante tensión durante el año escolar. Veamos en detalle, los tópicos de creatividad, consistencia y coherencia.

 

Creatividad:

Hace referencia a la capacidad de crear formas de comunicación en los hijos que creen empatía, es decir, que los hijos se sientan movidos a la reflexión y no a la confrontación, para ello es bueno notar y conocer a fondo qué actitudes tiene su hijo frente al estudio. Si tiene varios hijos, debe conocerlos a cada uno para personalizar estrategias que ayuden primero a la comunicación; esto por qué, bueno una vez que los hijos reconocen que el padre entiende y conoce su forma de estudio, puede proponer y exigir una forma de estudio que le sea adecuada a cada hijo, de forma que no le resultará tan molesta al chico; por ejemplo, si el chico es rápido y logra trabajar con mucha efectividad, sentarlo dos horas no es lo más adecuado, pero si se tiene un hijo que es más lento, lo importante es que se respete el ritmo de cada uno.

Pero la creatividad va más allá. Aparte de la identificación de la forma o actitud de estudio de cada hijo, es bueno que también se haga un buen diagnóstico del clima familiar, si este es ruidoso, desorganizado, lo primero es tratar de crear un ambiente que favorezca el estudio; es decir, definir horas en las que la familia no vea televisión, hacer horarios, crear espacios de trabajo, buscar ambientes iluminados, ayudarles a los hijos a organizar el material mediante estantes, cajitas, folders, y demás.

Otra cosas es crear normas, para evitar hablar de ellas constantemente, se pueden hacer rótulos, crear un programa de incentivos, es decir, darles premios o consecuencias de acuerdo con el cumplimiento o no. Para ello, es bueno hacer reuniones familiares y que los chicos se sientan parte del proceso para que asuman su cuota de responsabilidad. Con esto lo que se pretende es que haya mayor consciencia de compromiso y reciprocidad. Es importante que se cuide el lenguaje que no suene a imposición, todo lo contrario, lo que se busca es cooperación.

Consistencia y coherencia.

Son dos palabras claves de este proceso, que implican a todos los miembros de la familia. Si el padre asume la responsabilidad de supervisar, no hay excusas, es decir, debe hacerlo, pues si este se da permiso de faltar a los acuerdos, los hijos pierden la imagen de los padres como un referente moral y de autoridad.

La coherencia y la consistencia tienen implícito el compromiso, en otras palabras, los padres deben velar por cumplir en cuanto premios, consecuencias, compromisos, si se negoció algo debe cumplirse, por eso es bueno que toda oferta que se haga a los hijos sea proporcional al esfuerzo y al compromiso de estos, pero que también esté dentro de las posibilidades materiales, de tiempo, y dedicación.

Si los padres asumen un buen ejemplo, los hijos tendrán no solo un referente de autoridad, sino también un modelo a seguir. Por ejemplo, si los padres dicen que mientras los hijos estudien nadie ve televisión, así debe ser, es más podrían leer un libro, hacer crucigramas o algo que implique trabajo mental, para que estos vean que la familia tiene un ritmo similar, así es más fácil para los chicos entender que las cosas están cambiando. ¡Inténtenlo! No es fácil, pero puede ser un bello cambio en la vida de la familia.

Es fundamental, verificar si nuestros hijos e hijas tienen alguna dificultad educativa especial:

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Muchos padres de familia piensan y afirman que como sus hijos manejan la computadora, saben andar en bicicleta, y como son muy “chispas” para los juegos de video, no deberían ir mal en la escuela o en el colegio. Es más, algunos afirman si no le va bien es porque “es un vago”, “pierde el tiempo”, “da muchas vueltas”, en fin, todo lo que ya sabemos.

Resulta que si bien puede haber algo de lo anterior, no necesariamente es por una mala actitud frente al estudio, en ocasiones las dificultades pueden estar asociadas a factores motivacionales, atencionales, fallas en la integración social, fallas en la comprensión, o falta de encontrar un método o técnica adecuada de estudio. Antes de asumir que se debe a algo pasajero, quizá lo oportuno sea considerar algunos de los siguientes aspectos:

  • Si su hijo se muestra disperso y desatento. Lo primero es observar cómo, cuándo y dónde se presenta la conducta, esto para poder establecer una curva de comportamiento que permita discriminar si se debe a algo actitudinal, o si se asocia a dificultades específicas.
  • Puede que en ocasiones se presenten dificultades en unas materias y en otras no. Si el niño se saca 100 en matemáticas y 50 en español, no significa que sea un vago, puede que esté asociado a las habilidades y destrezas de cada estudiante, o en ocasiones está asociado a la relación con el docente o al interés y preferencia por alguna materia.
  • Los factores de integración social son de vital importancia, muchas veces un estudiante puede mostrarse desinteresado, poco atento, desmotivado e incluso mostrarse apático al proceso escolar, asociado a la dificultad de establecer relaciones sociales adecuadas. Para todo estudiante sentirse apoyado, aceptado, respetado y comprendido por sus compañeros es esencial en el buen desempeño.
  • En ocasiones se presentan fallas porque los estudiantes se les dificultan los procesos de comprensión de instrucciones, fallas en la realización de apuntes, carecen de un buen método de lectura o no han integrado una buena técnica de estudio. Esto no se trae, se aprende, se enseña y se modela, así que no se puede esperar que un estudiante por el simple hecho de estar escolarizado sepa orientarse por sí mismo en los procesos de estudio, repaso, memorización, resumen, comprensión, etc.
  • Otro aspecto que hay que considerar es el espacio de estudio en casa, este debe ser adecuado, con buena iluminación y con un buen control de distractores audiovisuales. Muchos estudiantes en casa, hacen su trabajo frente al televisor, acostados, o se hacen acompañar de música, teléfonos celulares, etc., lo que afecta que puedan mantener una atención sostenida. Por otro lado, es esencial que durante el tiempo de estudio se les supervise, no solo para que hagan un buen uso del espacio físico, sino también para que logren administrar correctamente el tiempo.
  • El que un estudiante logre una correcta autoestima, autopercepción y se dé a sí mismo un valor positivo, es clave para incrementar la sensación de logro; todo estudiante debe percibirse capaz de lograr las cosas por sí mismo, debe ser llevado y orientado a ver cada problema de estudio como un reto consigo mismo que lo debe llevar a dar lo mejor de sí mismo. En caso contrario, la sensación de inadecuación, falta de logro, pueden llevarlos a creer que no pueden, por lo que se podría dar un patrón de conformismo y poco interés de dar lo mejor de sí mismo.

Cuando el balance de estos aspectos anteriores sea positivo, y los resultados no sean los esperados, es esencial poder establecer una estrecha comunicación con los docentes y encargados de orientación, psicología o pedagogía del centro educativo para determinar las causas del fallo, y valorar si no se está frente a una dificultad de aprendizaje que requiera estimulación extra.

La prevención y detección temprana de problemas escolares es clave para garantizar el aprendizaje, que no está relacionado con solo el hecho de sacar buenas notas, sino que va más allá, pues es deseable que un estudiante desarrolle no solo retención a nivel de memoria, sino que sea capaz de desarrollar destrezas tales como razonamiento abstracto, autonomía, confianza, una buena identificación de sus habilidades y dificultades, seguimiento adecuado de instrucciones, abstracción de conceptos, asimilación e integración del conocimiento, etc. Un buen estudiante es el que logra establecer un método y técnica de aprendizaje adecuado a sí mismo y que le hacen capaz de enfrentar los retos académicos con asertividad, por encima de cualquier dificultad.

 

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