Formación en valores

abrazotera

 

Licda María L. Ramírez Vásquez

Psicóloga/ Integra Vita oficina afiliada a Enfoque a la Familia

www.integra-vita.com/ Tel: 2291 9898 I 2220 0622

 

“El éxito verdadero no proviene

de proclamar nuestros valores,

si no de ponerlos en práctica

consecuentemente todos los

días” Desconocido

 

Una casa necesita cimientos para soportar cualquier situación, sea negativa o positiva. De igual forma, los valores sostienen y nutren al ser humano. Si faltan los cimientos, tampoco existe el fundamento que sostiene nuestras vidas, que le añade visión, motivación y compromiso.

Iniciemos definiendo la palabra valores. Son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de lo que realizamos como personas. Son creencias fundamentales que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro (Juan Carlos Jiménez, 2008).

Valores, actitudes y conductas están estrechamente relacionados. Cuando hablamos de actitud, nos referimos a la disposición de actuar en cualquier momento, de acuerdo con nuestras creencias, sentimientos y valores. Pero, ¿cómo nacen los valores en los seres humanos? Según la neurociencia, nuestro cerebro ha venido evolucionando y se ha agregado nuevos cuartos y nuevas conexiones, en la base del cerebro se encuentra lo que se llama Tallo Encefálico (Instinto) encargado de mantenernos vivos, respirar, parpadear, la digestión y ritmo cardiaco, entre otras funciones, cosas que suceden sin que tengamos que pensar en ellas. Seguidamente, aparece el Sistema Límbico (Reactivo), es muy importante para el procesamiento de la emociones, ahí se encuentra la amígdala, cuya función principal es almacenar el procesamiento de las emociones negativas y positivas de la persona. Por último, aparece la Corteza Cerebral (Creativo), esta parte nos distingue como humanos, son las áreas que se encuentra justo arriba de los ojos y se encuentra bien apretada dentro del cerebro, aquí es donde se expresa el proceso consiente, racional, y donde resolvemos nuestros problemas. Estos lóbulos son trascendentales, porque se encargan de ejecutar, sincronizar todas las actividades y me atrevería a asegurar que los valores se concretan en este último cerebro, sobre todo en las decisiones que yo como persona decida vivir.

Valores

Los valores deben ponerse en práctica todos los días, esto le permitirá estar en constante aprendizaje; las situaciones que vivamos es lo que le ayudará a reflexionar y madurar en el tema. En el caso particular de los niños(as), no se adquiere sólo por medio de la memorización de normas y reglamentos, sino también cuando este es un testigo del comportamiento adulto que inicia en su propia familia. El niño(a) observa y busca indicaciones sobre cómo comportarse y las encuentra en grandes cantidades mientras los adultos realizan actividades cotidianas tales como: escogiendo opciones, relacionándose con el mesero, el dependiente de una tienda, con sus amistades, mientras conduce, como se expresa de su trabajo, etc. Demostrando así, a través de actos, sus más profundos deseos, convicciones y valores, más de lo que nosotros nos damos cuenta.

Más adelante, cuando nos volvemos estudiantes, comenzamos a sentir presiones sociales y presión de valores diferentes a los nuestros, a través de la relación con otras personas. Se pone a prueba la fortaleza de los valores que formamos con nuestros padres.

Los y las educadoras, líderes espirituales y deportivos, abuelos(as), hermanos mayores, ciertos familiares, cumplen la función de reforzar lo formado en el hogar, pero no sustituirlo. Si las convicciones que se forman en la casa no son sólidas, pronto se verán expuestas a una intensa competencia social con otras creencias.

Hemos escuchado decir por algunas personas que “hay pérdida de valores”, pero resulta que los valores no se pierden, se pierden los seres humanos, cuando negociamos con nuestros cimientos por querer complacer, agradar, encajar en un grupo específico. Obteniendo como resultado la sensación de culpa y desconfianza, donde el primer afectado soy yo.

Cabe mencionar que los valores se deben vivir primeramente conmigo mismo(a) para luego compartir con los demás; por ejemplo: la honestidad, la aplicamos cuando logro comunicar lo que estoy pensando, sintiendo y decido hacer lo que es coherente con estos dos. Practicar los valores es simplemente un acto de voluntad: querer hacerlo, aun cuando nadie lo está viendo, obligando ni pidiendo. Ejercer este derecho se convierte en un evento sumamente importante, ya que en cada acción se plasma la esencia del ser humano.

Los valores universales son más importantes de lo que usted pensaba, la honestidad, la responsabilidad, la verdad, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, el respeto y la paz, entre otros, se convierte en ejemplo, en marco de referencia que inspira sensibilidad y compromiso en pos de contribuir a la calidad de vida de todos.

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