El Rol de los Docentes

M.Sc. Gidget Monge M.

Psicopedagoga

Saint Mary School

 

En una comunidad educativa, padres y docentes consolidan las figuras de autoridad más significativas de los estudiantes. A nivel general, cualquier persona podría inferir que la responsabilidad de educar a los pequeños es compartida, no obstante quizá algunos duden en atribuirle el rol primario a la familia como primera escuela de los pequeños, o delegarlo a los docentes, debido a la cantidad de horas que los niños comparten a su lado.

La labor docente, entonces, sustenta un papel fundamental: desde corregir errores de contenido en una prueba, hasta detectar si uno de sus estudiantes tiene piojos. Su rol va más allá de una lista protocolaria de funciones a desempeñar en un salón de clase, ya que el maestro por excelencia, pasa a convertirse en un modelador de vidas y en el mejor de los casos, en un ser capaz de inspirar los más alentadores sueños.

 

Un camino que se enriquece con los años.

Años antes, la concepción del docente se orientaba más a una sabiduría artesanal que a conocimientos formalizados, por lo que no necesariamente eran sustentables. Según el UNESCO-BIE, es hasta 1966 que se acuerda en considerar el ejercicio de la función docente como una profesión, reconociéndola como un servicio público que exige de los profesores conocimientos especializados (Aula Santillana, 1995).

Esto crea un precedente para aumentar la exigencia en cuanto a lo que los estudiantes requieren de un docente. Más que un papel de instructor, el docente se convierte en un mediador, en un guía para la promoción de aprendizajes significativos. El Ministerio de Educación Pública, expone lo anterior, en su programa Competencias del silo XXI, en el cual se sintetiza el rol del docente en el desarrollo de la capacidad de los estudiantes de construir su propio aprendizaje y hacer cosas con él. Una amalgama de contenidos teóricos con vivencias, que permanecen latentes: perfeccionando destrezas, estimulando capacidades y adquiriendo nuevas herramientas para desempeñar cualquier tarea.

Este aprendizaje debe involucrar a los estudiantes como protagonistas, el medio en que se desarrollan, y a la comunidad educativa como agentes indirectos del desarrollo. Padres, familiares, vecinos, y demás colaboradores de la comunidad pasan a tomar un papel más activo en la educación, porque el estudiante encara el reto de aprender para autorealizarse llevando sus aportes a la colectividad; convergencia que requiere de la orientación de los docentes para ser tangible.

Es así, como en nuestro día a día, los retos de este nuevo siglo involucran una visión mundial ante factores sociales, tecnológicos, económicos, ecológicos, que convergen en el desarrollo emocional y espiritual del individuo. El docente lleva en alto el estandarte en esta tarea de contribuir al desarrollo de seres humanos pensantes e íntegros, capaces de tomar decisiones asertivas para contribuir al desarrollo social.

Se habla entonces de un intercambio: el docente promueve intereses en los estudiantes, facilita la construcción de conocimiento, estimula la investigación como principal recurso para el aprendizaje, pero al mismo tiempo, posee la apertura para crecer como persona, como ente activo en un proceso de aprendizaje que no tiene fin.

 

La amenaza de la lucha de poderes

En algunas situaciones, es razonable diferir de la opinión del docente. Coincidir absolutamente en el criterio profesional de quienes se encargan del aprendizaje de nuestros hijos puede resultar complejo si no se logra reconocer que en esta área el docente posee la prerrogativa de conocer a fondo el desempeño del niño, además de poseer como insumo una formación holista, personal y profesional que le empodera para transmitir a una familia las necesidades específicas de un estudiante.

De aquí la importancia de clarificar hasta dónde pueden involucrarse los docentes. Cuando de decisiones trascendentales se trata, los docentes tienen la responsabilidad de mantener a los padres informados respecto a las necesidades del estudiante para su óptima realización personal, deben velar por su bien superior ante cualquier situación y constituir una valiosa red de apoyo para estos.

No obstante, debe tenerse claro que algunas decisiones competen a la familia, ya que son los padres quienes deberán asumir las acciones, complementarias a las de la escuela, que deben desarrollar para favorecer a los niños.

La familia entonces, debe tener presente que, para favorecer al niño, se debe validar la opinión del docente. Si bien, es totalmente razonable diferir y buscar alternativas, es recomendable que se generen espacios para conocer los aportes del docente, además de escuchar respetuosamente las recomendaciones que este genere, ya que en el marco del respeto, esa es su primera necesidad, y por ende, su deber.

Es poco probable que se generen avances, por ejemplo en la conducta de un niño, si escucha de sus padres comentarios negativos acerca de sus maestros. En este caso, es mucho más enriquecedor en el aprendizaje acercarse al docente en el espacio adecuado y externarle las inquietudes que se poseen, siempre con el objetivo de llegar a acuerdos que favorezcan al estudiante.

En estas y otras circunstancias, el docente tiene, entre muchos otros el deber de:

  • Brindar un bagaje general en el que la familia conozca las expectativas que se poseen sobre el niño de acuerdo al nivel académico en el que se encuentra y la edad cronológica que posee, es decir, lo que se espera que concrete en relación a su grado escolar y a su edad.
  • Informar a los padres acerca del perfil de aprendizaje del niño: exponer en él sus destrezas, sus logros, sus limitaciones y el desempeño general de este a nivel integral. Esto involucra más que la comunicación de resultados académicos (notas), la explicación del proceso de aprendizaje del niño y de los retos que se le presentan.
  • Extender recomendaciones para favorecer aprendizajes: tareas, referencias complementarias para abordar dificultades, explicaciones respecto a cómo apoyar las distintas competencias de aprendizaje. La exposición de dificultades debe ir acompañada de alternativas para promover cambios positivos que beneficien el desarrollo de los estudiantes.
  • Retroalimentar a la familia en las situaciones que impactan significativamente al estudiante. Más allá de extender inquietudes, es también importante que el docente mantenga una comunicación constante con la familia para dar seguimiento a cualquier situación que comprometa el desempeño cotidiano del niño ya sea a nivel individual o con sus pares.
  • Permitir a los padres o encargados un espacio para externar inquietudes, debatir en relación a sus intereses y clarificar cualquier aspecto que, concerniente al aprendizaje del estudiante, sea necesario que este comprenda y desarrolle con la familia del estudiante.
  • Generar un ambiente seguro en el que la comunidad educativa pueda verse involucrada en los aprendizajes. Acercar a los diferentes actores a la consolidación integral de objetivos: un espacio carbono neutral, seres amantes de la literatura, apasionados de la investigación, hábiles en las destrezas lógico matemáticas, abiertos al diálogo y a la resolución de conflictos, empáticos, entre otros.

Es por esto que la labor docente parte de una profunda vocación. Una que lo mueve a propiciar un espacio cada vez más agradable mediante su servicio no solo al estudiante, sino a su comunidad educativa. A diferencia de otros empleos, el rol del docente es un trabajo de tiempo completo, ya que mientras algunos empleados apagan sus computadoras y se dirigen a casa pensando en lo que van a cenar o en la próxima fecha del cambio de aceite de su vehículo, el docente seguramente seguirá pensando en las palabras de su estudiante cuando le preguntó ¿por qué sus compañeros no quieren jugar con él?, o si es posible que sus padres divorciados se reconcilien.

 

 

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