Deserción intra-anual en la educación básica privada

Deserción intra-anual en la educación básica privada

Melissa Varela

Al finalizar cada ciclo lectivo, o posterior a las vacaciones de medio año, los medios de comunicación informan acerca de las cifras de estudiantes que desertaron del sistema educativo. Pero, ¿qué significa realmente que un estudiante deserte, o, en general, que se entiende por deserción escolar?

El Ministerio de Educación Pública (MEP), en una investigación realizada en el 2010, define que “Este fenómeno implica que una porción importante de la población, la que se ha valorado como un factor de desarrollo humano fundamental, para forjarse una calidad de vida óptima por un lado y favorecer el desarrollo nacional interrumpe sus estudios o se retira permanentemente de ellos.”[1] Dada la complejidad de la problemática de la deserción, no se puede relegar en una única causa, sino que es un fenómeno causal. Los ejes explicativos que desde el MEP se le han dado a la deserción son:[2]

1. La expulsión: dada por el sistema por factores de repitencia, mecanismos inadecuados de evaluación, y reprobación.

2. La repulsión: falta de pertinencia, utilidad o interés por parte de los estudiantes.

3. La exclusión: ligada con problemas socioeconómicos que obstaculizan la permanencia de los estudiantes en los centros educativos.

Los centros privados no están excluidos de esta situación. Desde 1994 hasta el 2013, según las cifras que maneja el Departamento de Análisis Estadístico del MEP, 8727 estudiantes de I y II ciclo (primaria) han abandonado las aulas en los centros privados, un 2% del total. La tendencia en estos años ha sido mixta: en 1994 se registró el mayor número de estudiantes que abandonaron las aulas, mientras que el año con menos estudiantes desertores fue el 2007.

Gráfico #1

Deserción escolar en centros educativos privados, 1994-2013

Deserción escolar en centros educativos privados 1994-2013

Fuente: elaboración propia, a partir de datos proporcionados por el Departamento de Análisis Estadístico del MEP.

En la educación secundaria las cifras no difieren mucho. En total, 7941 jóvenes suspendieron sus estudios durante el periodo 1994-2013. Al igual que en los estudiantes de primaria, en el 1994 se registró el mayor número de estudiantes desertores. Eso nos puede dar luces de que una situación especial se dio en ese año que ocasionó un mayor número de deserción.

De acuerdo con el gráfico #1, la tendencia de la deserción escolar ha sido distinta entre primaria y secundaria. Es decir, cuando la deserción baja en primaria no necesariamente se da en secundaria, y viceversa. Llama la atención dos aspectos. Primero, el aumento de la deserción en el 2003 en secundaria, y una disminución en primaria; y segundo, una baja importante en primaria en el 2007, para luego aumentar en el 2008 a niveles superiores que en el 2006.

Con estas cifras, ¿qué se puede poner en marcha para disminuir la deserción? En primer lugar, la emotividad debe venir de la familia. Los padres de familia deben estar más atentos a la situación escolar de los alumnos. Segundo, los propios estudiantes deben proyectarse al futuro y realizar un plan con metas que puedan cumplir. Buscar un objetivo que perseguir. Tercero, a nivel institucional, es importante la escogencia de profesores, que estos sean los más aptos de acuerdo al perfil del grupo de estudiantes a enseñar; y la organización de actividades en donde sobresalgan los intereses y realidad de los estudiantes.

[1] Ministerio de Educación Pública. (2010). Abandono (deserción) escolar en la enseñanza secundaria en Costa Rica, 2009-2010. Recuperado de: http://www.mep.go.cr/sites/default/files/DesercionSecundaria.pdf, p.10.

[2] Ministerio de Educación Pública y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2013). Abandono escolar en la secundaria: estudio de línea de base para los 100 centros educativos del ProEDUCA, 2012. Recuperado de: http://www.unicef.org/lac/InformePROEDUCAfinal-12dic-io.pdf, p.9.

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