Cuando la balanza nos toca la puerta para ser confidentes de nuestros hijos adolescentes

Cuando la balanza nos toca la puerta para ser confidentes de nuestros hijos adolescentes

Marsha Morris Brown
Educadora

He aprendido que las personas encargadas de la formación y educación de los ciudadanos del futuro deben necesariamente tener la capacidad extraordinaria de transformarse justo en el momento indicado en: nutricionistas, choferes, doctores, enfermeros,psicólogos, psiquiatras, dentistas, diseñadores, sastres, costureros, peluqueros, abogados, mediadores, jueces, policías, conciliadores, instructores, entrenadores, motivadores, asesores, consejeros, amigos,  entre otras, según la situación específica. Esta responsabilidad ha hecho descubrir a más de uno su talento escondido como padre o madre. Pero sin duda, la habilidad más difícil de desarrollar es el llegar a ser confidente de nuestros hijos. Ser esa persona en quien ellos confían sentimientos, experiencias y hasta secretos. Esa madre o padre que no se entera de último o por “otros” lo que les está pasando.  En este mundo tan cambiante, el arte de llegar a tiempo a la vida de ellos  sólo se logra a través de la confianza. La destreza de no caer en los extremos es lo que nos dificulta el desarrollo de esta habilidad.

Padres, Madres: Hay  muchas situaciones de  la vida que se pueden utilizar en nuestro favor: Analizar una noticia de los medios de comunicación, sentarse con un álbum de recuerdos, comentar sobre una película vista, un libro leído, preguntarles su opinión. Nos  sorprenderían las respuestas. Estas actividades no sólo desarrollan el sentido crítico  sino que nos ayudan a conocerlos e inclusive a transformar su manera de ver el mundo. Inevitablemente, vendrán estos temas tabú de los cuales nos cuesta hablar abiertamente como el sexo, las drogas, las relaciones de pareja, las buenas y malas amistades… Nunca es suficiente.  En tan sólo el inicio de su adolescencia,  mi hija ha querido ser maestra, cantante, modelo, científica y recientemente odontóloga. Por dicha. Hay que preocuparse cuando nuestros hijos no muestran ni el mínimo interés por ser y proyectarse como alguien de bien para el futuro.

De paso un día le pregunto: -¿Cómo le fue hoy en la escuela? Con una sonrisa respondió: -Me fue muy bien pero no le voy a contar mucho porque usted nunca me cuenta de su trabajo. Entonces le conté de mi trabajo… Por supuesto, hay que saber discriminar la información que se les confía. De igual manera,  hay que saber manejar con delicadeza la información que ellos nos confíen, porque lo que puede ser un pequeño detalle para nosotros es todo un mundo para ellos y de un peso inimaginable.

Cuando nos enteramos de las situaciones que no nos gusta oír como discusiones entre los amigos,  las palabras feas que se dijeron, lo que le ocurrió a “fulanito”,  los profesores y profesoras que caen mal, los chico y chicas populares, las travesuras que se hacen, de lo que le molestó, de los vocablos nuevos  y su significado; es cuando sabemos que vamos por buen camino. Es importante ser honestos, y cuando sea necesario, hay que explicar por qué ciertas confidencias deben salir a la luz para que no se vea afectada la relación de confianza establecida. Al final del camino lo entenderán y seguirán contando. Indiscutiblemente, ser padre o ser madre es una labor de tiempo completo. Y el que nuestros hijos nos consideren una verdadera opción sabia para confiar, facilita la labor de ayudarles a triunfar en la vida.

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