Cerebro – Memoria y Aprendizaje como redes

Cerebro – Memoria y Aprendizaje como redes

Dra. Maria Esther Contreras de Navas.

Médico Foniatra

La capacidad de aprendizaje que presentan los sistemas biológicos ha sido aplicada al mundo electrónico, apareciendo así, las llamadas redes neuronales. Estas no son más que un modelo artificial y simplificado del cerebro humano, que es el ejemplo más perfecto de un sistema capaz de adquirir conocimientos a través de la experiencia que dispongamos.

El aprendizaje no es más que un cambio en el comportamiento, como resultado de la experiencia. La memoria es la habilidad de almacenar y recordar experiencias aprendidas.  Por lo tanto, aprendizaje y memoria deben desarrollarse en conjunto.

Reconocemos dos tipos de memoria: la declarativa, aquella en la que se almacenan datos, nombres y sucesos asociados; y la no declarativa, donde se recuerdan hábitos y  movimientos que se realizan habitualmente (atarse los zapatos). Significa entonces que el aprendizaje se basa en el entrenamiento de una red con patrones a los que normalmente se les denomina patrones de muestra o entrenamiento.

Nuestro cerebro se caracteriza por relacionar y asociar la información que recibe buscando pautas y creando esquemas para entender el mundo que nos rodea. Sus dos hemisferios  procesan la información de distinta manera: el hemisferio izquierdo es secuencial lineal, forma la imagen del todo a partir de las partes; el hemisferio derecho es intuitivo, piensa en imágenes y sentimientos, procesa la información de manera global partiendo del todo para entender las partes.

Es importante conocer cuál es el estilo propio de cada alumno para aplicar las estrategias de aprendizaje, descubriendo quiénes son del tipo visual (tienden a pensar en imágenes, por lo que encuentra fácil absorber mayor cantidad de información al establecer relaciones entre distintas ideas y conceptos), auditivos (el procesamiento de información se hace mediante  la representación auditiva de forma secuencial y ordenada), y el kinestésico (la información se procesa asociándola al cuerpo, a sus sensaciones y movimientos).

De acuerdo a estos parámetros distinguimos cuatro tipos de niños:

Teóricos: adaptan e integran las observaciones que realizan en teorías complejas y bien fundamentadas lógicamente. Piensan en forma secuencial, les gusta analizar y sintetizar la informacion. En su sistema de valores priva la lógica y la racionalidad. Aprenden mejor a partir de modelos o teorías con ideas y conceptos que presenten un desafío, encontrándose más cómodos cuando pueden indagar y preguntar.

Pragmático: les gusta probar ideas, teorías y comprobar si funcionan en la práctica. Aprenden mejor con actividades que relacionen la teoría y la práctica cuando ven a los demás hacer algo, o al tener la oportunidad de poner en práctica lo aprendido inmediatamente. Presentan dificultad cuando lo que se les enseña no tiene relación con sus necesidades básicas.

Reflexivos: tienden a adoptar la postura del observador, ya que analizan las experiencias desde muchas perspectivas, recogen datos y los estudian detalladamente antes de llegar a alguna conclusión. Aprenden más cuando se les permite adoptar la postura del observador. Sin embargo, les cuesta trabajo cuando se convierten en el centro de atención o se les apresura en una actividad donde no se han preparado previamente.

Activos: se involucran totalmente en las experiencias nuevas. Suelen ser entusiastas ante lo nuevo, tienden actuar primero y pensar después. Les aburre encargarse de planes a largo plazo. Les gusta trabajar rodeados de gente y siempre ser el centro de las actividades. Aprenden mejor si las actividades son variadas.

Cada alumno es diferente y tiene su propia manera de actuar y adaptarse, de ahí la importancia de entender nuestro modo de aprender y poner en marcha las habilidades necesarias para que el aprendizaje sea lo más adecuado y eficaz posible.

 

 

 

 

 

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