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MENSAJE DEL SR. MINISTRO
DE EDUCACION PUBLICA
Educar: ¿para dentro o para fuera?
A veces, pareciera que esa es la pregunta que algunos se hacen: ¿queremos educar a nuestras
y nuestros jóvenes para que puedan hacer y saber aquellas cosas que son importantes para
nuestro país, nuestra sociedad, en fi n, para nosotros... o queremos educarlos para las necesidades
y demandas “de otros”, de esa economía internacional o global que aparece a veces
como oportunidad y otras como amenaza?
La diferencia -creo- es solo imaginaria: hoy, como ayer, educar signifi ca capacitar a las y los estudiantes para apropiarse
del mundo, de todo el mundo: desde su mundo local, su barrio, su comunidad, su país - con su cultura propia, sus raíces,
su historia y sus sensibilidades particulares hasta el mundo grande y ancho que nos rodea. Desde aquí, desde Costa Rica,
nos toca aprender a ser ciudadanos del país y del mundo; nos toca ser capaces de enfrentar los retos que nos plantea el
desarrollo nacional, los que nos plantea el planeta - como la competencia económica, el narcotráfi co o la homogenización
cultural - así como los retos que enfrentamos todos en el planeta: desde los riesgos permanentes de la destrucción global,
ya sea por las guerras reincidentes entre los humanos, o por la guerra suicida contra la naturaleza.
Pero no solo enfrentamos retos en este sentido negativo o de supervivencia: enfrentamos también -aquí y en mundo- los
retos de siempre, los retos de cómo alcanzar una vida buena en el sentido más pleno de la palabra: una vida que nos brinde
cada vez mejores condiciones materiales a cantidades cada vez mayores de seres humanos - mejor alimentación, mejor
salud, mejor educación, mejores medios para satisfacer nuestras necesidades y también ¿por qué no? nuestros gustos - que
también de eso vivimos. Pero una vida que nos brinde también la posibilidad de ejercitar esas grandes búsquedas que han
caracterizado la historia de la humanidad: la búsqueda de lo verdadero, de lo bueno, de lo bello; la construcción de una
sociedad en la que la ética, la estética y la ciudadanía sean tanto o más importantes que la efi ciencia y la efi cacia. Una vida
en la que la competencia y la búsqueda del bienestar individual se complementen con la solidaridad y la búsqueda de la
solidaridad: del mayor bienestar para el mayor número. Y esta, de nuevo, es una búsquedad que hacemos tanto aquí, en
nuestro más pequeño e inmediato entorno... como en ese entorno grande y cada vez más cercano en que vivimos: el mundo,
ese pequeño mundo en que vivimos. Se trata, pues, de una educación para la vida: para aportar una vida mejor... y para
disfrutar de una vida mejor.
Así planteada, la disyuntiva inicial - educar para fuera o educar para dentro - resulta claramente absurda y limitada: educar,
es una construcción individual y colectiva que no tiene límites y que crece, simultáneamente, hacia dentro, hacia muy
adentro - hacia el interior de cada uno de nosotros - al tiempo que nos proyecta hacia fuera, hacia muy afuera: hacia la historia
de la humanidad, una historia que construimos - o destruimos - entre todos. En fi n, no se trata de entender la vida - o
la educación - desde una óptica de “nosotros contra el mundo”... sino de algo más hermoso y, también, más difi cil: nosotros
para el mundo y con el mundo. Nosotros, desde este pequeño rincón, haciendo una diferencia. Para eso educarnos.
Sr. Leonardo Garnier
Ministro de Educación Pública
Costa Rica |