911: escuchemos a los adolescente

M.Sc. Vanessa Jiménez Solé
Psicóloga / Psicopedagoga.

“Escuchar” parece ser una de las necesidades más urgentes en nuestro tiempo. Constantemente los especialistas en diferentes áreas del desarrollo nos recuerdan los efectos positivos que conlleva el acto de escuchar no solamente a otros, sino también a nosotros mismos, ya que ésta es la puerta de entrada para conocer nuestro mundo interior y el de los demás, aspecto imprescindible en el desarrollo social.

 

Como padres, las prácticas de diálogo, la escucha, no deben limitarse a una enseñanza que realizamos en la etapa infantil; por el contrario, ha de ser un ejercicio de convivencia natural en el seno de nuestro hogar y que se incentiva aún más en los períodos de crisis. El tiempo de adolescencia es precisamente una de esas etapas en que más se necesita el afecto, los límites claros, el diálogo y la escucha atenta.   Los adolescentes desean y esperan, padres y madres cercanos, que atiendan a sus necesidades, pero ya no de la manera “infantil”. Quieren ser más escuchados, apoyados, guiados, pero de manera diferente, más madura, más adulta. El respeto hacia su proceso madurativo, es clave para comprender las demandas emocionales que están presentes en este tiempo de crecimiento.

 

El adolescente tiene normalmente incertidumbres y variaciones en su carácter, necesita intimidad y hay que respetarla. De manera constante, busca nuevos modelos de identificación, por lo que es importante valorar y alabar aquellos que sean positivos. Necesita del distanciamiento de los padres, la oposición y el conflicto, pero manteniendo ante todo, la afectividad y la confianza de éstos. Aunque es un tiempo de mucha revolución interior, los padres no deben sufrir por el distanciamiento; es parte de la búsqueda de identidad y autonomía que es la característica básica de la vida adulta.  Se debe apoyar y comprender el distanciamiento manteniendo una presencia en la vida del adolescente, ni demasiado cerca ni demasiado lejos, es mantener el equilibrio.

 

Dado que, los jóvenes viven una delicada etapa de desarrollo en donde el acompañamiento del adulto, resulta determinante para la futura adultez, deseamos darle a usted, padre y madre de familia, algunas pistas para lograr una comunicación más asertiva con sus hijos adolescentes:

 

  1. Pasar tiempo con los hijos. El tiempo dedicado a convivir y tener actividades conjuntas permite abrir espacios para dialogar, conocerse mejor y crear una amistad muy diferente de la del resto de sus amigos.

 

  1. Interesarse por sus actividades. El interés de los padres hacia todo lo que rodea al adolescente mejora su autoestima.   Sin embargo, este interés debe ser respetuoso, es decir, no insistir si el joven no desea compartir sus confidencias.

 

  1. Dejar que construya su propia identidad. El adolescente no puede ser una continuación o reflejo de los padres y menos todavía cumplir las metas y expectativas de éstos.  Hay que apoyarle en la  construcción de su propia identidad y proyectar el futuro conjuntamente, pero comprendiendo que es distinto y diferente a mí.

 

  1. Establecer contratos. Hay que sentarse en la mesa de negociación y establecer acuerdos sobre salidas, horarios, normas, comportamientos; todo bajo un clima de diálogo afectivo, confianza, escucha y respeto mutuo.  Los contratos deben especificar bien las reglas y los límites.   Se pueden acordar premios y privilegios.

 

  1. Razonamiento de la norma. Los padres deben explicar bien las razones del por qué desea una conducta determinada.   Todo se debe razonar, pero sin dejar de ejercer la autoridad.   De esta forma, el adolescente podrá explicar también sus motivos y es más fácil llegar a un acuerdo.

 

  1. Nunca perder la calma. Algunos comportamientos u opiniones del adolescente “pueden” alterar a los padres, constituyendo esto un grave error.  Los padres, como modelos, deben reflejar autocontrol y no dejarse llevar por sus emociones negativas.   Nadie es capaz de descontrolarlo, usted tiene el control de lo que piensa, hace o dice.

 

 

  1. Hacer familia. Construya en su hogar rutinas familiares como cenar juntos, pasar una festividad especial en familia, ver una película, ayudar a la comunidad.  Estas rutinas permiten al adolescente establecer vínculos fuertes de apoyo y cercanía con su núcleo familiar.

 

  1. Prohibir cuando hay peligro. Hay que ser estrictos y prohibir cualquier conducta de riesgo que implique peligro para la salud física o emocional, tales como: consumo de drogas, alcohol, tabaco, trastornos alimenticios, conductas autoagresivas.

 

  1. Aceptar al adolescente. Ser comprensivos e imaginativos y aceptar al adolescente que se tiene, no al que los padres “desearían” o “sueñan”. El adolescente necesita ser aceptado y comprendido.

 

  1. Amarlo siempre. Pase lo que pase seguirá siendo su hijo o hija y el adolescente debe percibir ese amor y cariño.  En cualquier circunstancia adversa debe saber con total seguridad que cuenta con sus padres, que apoyan, aconsejan y consuelan.

 

Usted, papá y mamá pueden ser un sólido refugio afectivo para sus hijos adolescentes, desde el cual, podrá crecer, acompañar, educar, formar y reír junto a él o ella.   La adolescencia no debe constituir una etapa de miedo para los padres, sino una oportunidad para establecer nuevas formas de convivencia, comunicación, escucha  y cercanía con nuestros  hijos.

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