2016: año de lucha contra el bullying

Sonia Marta Mora Escalante

Ministra de Educación Pública

 

Estudiar debe ser una experiencia maravillosa. En los centros educativos desarrollamos amistades duraderas y recuerdos imperecederos, moldeamos nuestra personalidad y podemos ser felices, pero también es cierto que en algunas ocasiones la experiencia no es fácil; a veces nos sentimos rechazados, diferentes, excluidos, responsables por no  encajar en el esquema que se nos impone. En mis años como estudiante tuve experiencias de ambos tipos, atesoro memorias maravillosas, lo mismo que momentos difíciles. Ambos escenarios me ayudaron a formar mi carácter.

Aprendí que no hay nada de malo en ser y pensar distinto, cada uno de nosotros tiene características únicas que nos hacen especiales. No está mal si me gusta otro tipo de música o no disfruto las cosas de moda. Si mi color de piel es distinto, si vengo de un lugar lejano y en mi casa tienen costumbres y tradiciones diferentes a las de mis compañeros, si mi orientación sexual es diversa, o tengo alguna característica física especial, nada de eso está mal.

Quienes se burlan de las diferencias son quienes debe cambiar; quizás tampoco sea su culpa, talvez no lo hagan por maldad, sino porque fueron formados de esa manera o no son conscientes del daño que provocan.

Los profesores y el personal administrativo deben ser aliados de los estudiantes. De mi paso por las aulas aprendí que a veces no nos damos cuenta de lo que está pasando, porque tenemos que atender a muchos jóvenes a la vez, pero que en nuestros corazones no hay desidia o indiferencia. Para acabar con el bullying y construir soluciones todos tenemos que trabajar de manera conjunta.

¿Qué estamos haciendo? Este año, presenté ante el Consejo Superior de Educación (CSE) una propuesta para declarar el curso lectivo 2016 como el año de lucha contra el bullying. La propuesta fue acogida.

El CSE acordó respaldar los esfuerzos de la Administración en la definición de una estrategia integral que contemple la coordinación interinstitucional, los aspectos curriculares y la divulgación para abordar en todos los ciclos, niveles y modalidades del sistema educativo, los temas vinculados a este combate.

Todo lo anterior para sensibilizar, desarrollar y fomentar conciencia sobre la importancia de esta lucha en nuestros centros educativos, e incorporar en los planes de trabajo acciones y estrategias concretas que promuevan la convivencia de calidad y la resolución de conflictos en forma asertiva; es decir, aprendiendo a construir y vivir en una cultura de paz, respeto y potenciación de la diversidad, como motor de la innovación y el desarrollo.

La lucha frontal contra el bullying figura como una de las prioridades del Gobierno de la República en materia educativa. Fieles a nuestra larga y sólida tradición de respeto por los Derechos Humanos, aprovechamos la 38a Conferencia General de la UNESCO para destacar entre sus principales prioridades la lucha contra esta forma de violencia.

Costa Rica, con su tradición pacifista, reconocido por haber colocado desde su génesis nacional a la educación como el eje central de su desarrollo y destacado mundialmente como país respetuoso de los derechos humanos, cumple con todo lo requerido para asumir una posición relevante a nivel internacional, en materia de bullying. Por eso, es fundamental que en el marco de acción nacional dejemos claro que estamos trabajando de manera articulada, y que hay un compromiso país por erradicar toda forma de violencia de nuestras aulas.

Este año estamos desarrollando un Plan de Acción que incluye capacitaciones, divulgación de buenas prácticas, encuentros con docentes y estudiantes, padres, madres de familia o encargados, conformación de redes y comunidades virtuales, foros con expertos nacionales e internacionales, investigación interna y en coordinación con universidades, elaboración de recursos didácticos, protocolos, guías del docente, divulgación y seguimiento, para ponerles fin a esta forma de violencia tan lamentable.

Las escuelas y los colegios cumplen una función esencial en el desarrollo de la infancia y la adolescencia, por tal razón deben constituirse en lugares que garanticen su protección. Ese es nuestro compromiso.

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